lunes, 27 de diciembre de 2010

Putada

Mi compañero de trabajo se va y me he dado cuenta de que el curro ya no me interesa lo más mínimo.

Quería ser especial para ti como tú lo eres para mí. Y eres especial porque odio este sitio y me he inventado algo a lo que agarrarme, me he convencido de que sola no puedo hacerlo y me he creado dependencia de ti. Pero ahora ya no hay nada. Debo reconocer que vivo de mentiras, vivo de fantasías. La realidad solo es una: mi trabajo no sirve absolutamente para nada. No produce nada. No ayuda a nadie. No hace más feliz a nadie. Por eso me creé un motivo. Hacía la revista por ti, para que tú la vendieras. Por eso, si ya no te va a servir a ti, me da igual.

Así que el problema no es que me joda no ser especial para ti. El problema es que mi trabajo no me hace feliz y ya ni siquiera tengo una excusa tonta para hacerlo.

Joder.

Soltar lastre

Cada día que pasa es un paso más hacia la completa eliminación de mis sentimientos. Cada día me resulta más sencillo que todo me dé igual.

Tengo que estar fatal cuando ni siquiera tengo ganas de llorar. Todos estos años pensaba que estaba vacía. No tenía ni idea.

Hace año y medio, mi trabajo estaba en los primeros puestos de mi escala de valores. Ahora está el último.

Es una pregunta muy fácil: ¿qué quiero hacer en la vida?, pero solo tengo claro lo que no quiero hacer. No quiero seguir aquí. Pero no sé qué hacer para poder escapar de estas cuatro paredes. Siento que se me caen encima. Y ahora ni siquiera vas a estar tú.

He sido una compañera patética. ¿Razones? Varias y todas estúpidas. Cuando estoy de cierre me pongo nerviosa y estoy insoportable. Cuando me va a venir la regla estoy insoportable. El resto de los días estoy insoportable porque odio este sitio. Pero debería haber sido más fuerte, debería haberme esforzado por ser más agradable. No debería haber pagado mis problemas contigo.

Ahora ni siquiera soy capaz de decirte a la cara que te voy a echar de menos. Porque sé que te va a dar igual. Porque no quiero que me digas “Yo también” por quedar bien.

Porque por una parte no va a ser verdad. No voy a echar de menos que me gustes. Por una parte que te vayas me quita un peso de encima. Cuando tengo que disimular estoy insoportable.

martes, 23 de noviembre de 2010

Instinto maternal: ¿básico o adquirido?

Cuando recuerdo cómo era hace unos años me maravilla seguir siendo la misma persona. Algunas de mis opiniones han cambiado tan radicalmente que no puedo evitar pensar cuánto de determinismo hay en nosotros y cuánto de decisión consciente. Estoy pensando en el dilema que todo el mundo se termina planteando al llegar a cierta edad: tener hijos. Hasta hace unos años, para mí los niños eran cosas que existían en el mundo, al mismo nivel que un árbol o una piedra. Es decir, que me eran indiferentes y nunca he tenido como objetivo en la vida tener hijos, como sí lo tenían amigas mías. Tampoco me negaba en redondo, simplemente era algo que no me hacía ilusión. Sin embargo, ahora noto perfectamente el tic tac del reloj biológico que me recuerda insistente que me encuentro en los años más fértiles en la vida de una mujer y que debería hacer algo por la preservación de la especie a la que pertenezco. Ahora mismo sí me haría ilusión. Ahora mismo sí me planteo que mi objetivo en la vida es tener hijos y que si no los tengo me perderé algo de valor incalculable. Así las cosas, ¿quién de estas dos personas soy más yo, la que no se preocupaba de si tendría hijos o no, o la que ahora se le cae la baba cuando ve pasar un bebé?
Lo que es más importante, si reflexiono sobre mis motivos, me pregunto si es moralmente válido que tenga un hijo “porque me lo pide el cuerpo”, los genes, el ancestral instinto de reproducción. Porque por un lado quiero, pero por otro sigo pensando que los niños son una lata y que ya no voy a tener tiempo para hacer las cosas que me gustan nunca más (o al menos hasta que me jubile, si es que a los de mi generación nos toca ese privilegio). Sé que hay mucha gente que los tiene sin haberlo planeado, y sospecho que habrá quien lo haga por la presión social de tener pareja, tener una cierta edad y ser “lo que toca”, o porque quiere su pareja, o por mil motivos, muchos cuestionables. Pero no dejo de darle vueltas a si es ético que tenga un hijo solo porque me hace ilusión tenerlo. Mis motivos ahora mismo son tan endebles como “me haría ilusión”, “quiero experimentar cómo es”, “me falta algo en la vida y quiero probar si eso la llena”. Es decir, que son completamente egoístas. No pienso “voy a traer un hijo al mundo para hacerle una buena persona y que sea feliz”. Quiero decir, claro que pienso eso, pero lo que prima es lo otro, en realidad lo haría por mí. Mi duda, en definitiva, es: si sé que soy una persona egoísta, ¿es responsable confiar en que, a la hora de la verdad, el instinto maternal me convertirá en una máquina de querer a y cuidar de mi hijo?
Me preocupa ser una mala madre, porque sé todos los defectos que tengo. Por ejemplo, soy vaga y me cuesta ponerme a hacer las cosas que tengo que hacer. Me enfado cuando algo no me sale bien. Tengo tendencia a deprimirme por todo. Tendría que cambiar por completo para ser una buena madre. ¿De verdad me saldrá solo? ¡Es que me cuesta mucho creerlo! Además, y esto ya sé que es una chorrada, pero como esto no lo lee nadie lo pongo, tengo miedo de que se parezca a mí, porque no le voy a dar nada bueno, genéticamente hablando. No es ninguna tontería porque yo me parezco a mi padre. Pero bueno, tengo en cuenta que también tendrá los genes de mi pareja y si hay suerte se parecerá a él, como le pasa a mi hermana, que en lugar de a mi padre se parece a mi madre.
El próximo día hablaré de la parte económica, que también me hace preocuparme.

P.D. Enlace a un buen resumen de razones para tener hijos y para no tenerlos.
Y este artículo sobre el tema también me parece interesante.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Sueldos low cost, servicio primera clase

Huelga general. He ido a trabajar para que no me descuenten el día, como tanta otra gente. Todos los derechos laborales que tanto esfuerzo costó conseguir, van poco a poco desapareciendo “como lágrimas en la lluvia”. Y ni siquiera nos inmutamos. Es la supervivencia, estúpido.
La base de los timos es que te prometen que te van a dar mucho dinero, pero siempre que primero adelantes tú un poco de dinero. Es lo que se llama “dar duros a cuatro pesetas”. Todo el mundo sabe que es mentira… ¿O no? Porque, ¿no están las empresas exigiendo a sus trabajadores que “en estos tiempos difíciles”, sean más productivos por lo mismo? Es decir, les están pidiendo duros a cuatro pesetas… Tenía asumido que si compro un billete de avión en una compañía low cost, voy a ir abrazada al asiento de delante como un koala para poder caber, y que no me van a dar de comer ni un triste caramelo. Pero, según esta nueva teoría, me plantearé exigir que, por el mismo precio low cost, me den de comer y tenga espacio de sobra. O pedir la hamburguesa grande en el McDonalds, que me cobren el precio de la pequeña y que me mimen con un servicio de cinco tenedores.
Me hace gracia escuchar que los jóvenes de ahora no tienen una cultura del esfuerzo como la de las generaciones anteriores. ¿No será más bien que el esfuerzo ya no renta tanto como antes? ¿De verdad la relación “más esfuerzo, más dinero”, sigue siendo directamente proporcional? ¿De verdad ahora entra alguien de botones en una empresa y termina de director general? Quizá lo que sucede es que, si te están pisando la cabeza, poner la otra mejilla es de gilipollas. Y que me perdonen los cristianos, pero eso lo hacía Jesucristo porque su padre era Dios y sabía que iba a morir, sí, pero también que iba a resucitar a los tres días. Ahora lo que yo sé es que me voy a morir, sí, pero con sueldo low cost hasta la jubilación.
Indefensión aprendida, lo llaman. Como en el experimento del psicólogo Martin Seligman, hemos aprendido que hagamos lo que hagamos seguiremos recibiendo descargas eléctricas. Así que incluso cuando podemos hacer algo para tratar de cambiar nuestra situación, pensamos que no servirá de nada. Por eso vamos a trabajar, con el único pensamiento de que no nos mermen aún más ese sueldo ridículo que tanto nos cuesta ganar.
(Con todos mis respetos para los más de cuatro millones de parados, que no tienen opción de quejarse de su sueldo ni de decidir si hacen huelga).

miércoles, 28 de julio de 2010

Perfeccionismo: cuando llegué a Ítaca, no había nada

Me ha encantado este post sobre el perfeccionismo del periodista y sociólogo Sergio Sinay. Es una perfecta (ejem) descripción de cómo soy. Es lo que os contaba en otro post, solo me interesa la meta y no me fijo en el camino hasta llegar, y así se me va escurriendo la vida entre los dedos sin disfrutarla.

Lo malo es que saber cómo y por qué soy gilipollas no me hace capaz de dejar de serlo.

P.D. No he podido evitar acordarme de Edgeworth, el perfeccionista por antonomasia. En otro post os explicaba que es uno de los personajes de ficción de los que estoy enamorada, aunque quizá lo que siento sea más identificación que amor.

viernes, 23 de julio de 2010

Me cago en las multas de la Declaración de la Renta

Hoy os voy a poner un ejemplo de lo gilipollas que puedo llegar a ser. Lo intenté subir a la página de Asco de Vida porque pensé que era gracioso y que ver mi inutilidad podía animar a los demás, pero se ve que mi esfuerzo en estupidez ni siquiera vale la pena como chiste… La metedura de pata ha sido que recibí el borrador de la Declaración de la Renta y como me salía a devolver unos 20 euros pensé que no merecía la pena confirmarlo. Mi razonamiento era que si tienes que pagar, lógicamente van a ir a por ti, pero si te tienen que pagar a ti, no, así que no pasaba nada. Desgraciadamente, buscando otra cosa en Internet, vi en esta página que sí pasa algo (por cierto, gracias por la información ). Los hijos de… “Dios” de Hacienda ponen multa si tienes que presentar la declaración aunque te salga a devolver. Imaginaos mi alegría y alborozo. Claro, lo primero que pensé es que no había problema porque no supero el mínimo obligatorio para declarar (si superara ese mínimo, qué digo, si me acercara a ese mínimo, creo que me resbalaría un poco la multa). La alegría duró poco cuando me di cuenta de que si tienes más de un pagador el mínimo que obliga a declarar es mucho menor. Por supuesto, ese mínimo sí lo supero. ¿Y gracias a qué tuve dos pagadores el año pasado? A que me cambiaron dentro del grupo de empresas de una en la que estaba de puta madre a otra que odio. Eso es lo que más me jode, más que tener que hacer el papeleo, más que pagar la multa, más que nada, saber que ha sido por su puta decisión de cambiarme, porque sigo cobrando el mismo mojón, pero no es lo mismo si me lo pagan entre dos empresas que si me lo paga solo una. A veces odio todo.
Para terminar, decir que soy consciente de que la culpa ha sido mía, pero espero que entendáis también que esté cabreada y me parezca un poco injusto. Lo único que espero es que el dinero de mi multa sirva para algo, porque viendo cómo funcionan la sanidad, la educación, los transportes, etc., no sé qué coño hacen con el dinero de los contribuyentes. También espero que Hacienda mueva el culo y vaya detrás de todos los que defraudan y se van de rositas, porque estoy segura de que si no hubiera presentado la declaración me la habrían reclamado para cobrarme la multa, mientras que a los miles que se escaquean de mil y una maneras les dan una palmadita en la espalda en vez de meterles un palo por el culo como a los gilipollas como yo.

lunes, 5 de julio de 2010

Fidelidad y amores platónicos

Otra faceta de querer siempre lo que no se tiene se da en las relaciones. En mi caso, aunque ya he encontrado a alguien a quien quiero y que por alguna extraña razón me quiere, en lugar de conformarme y no fijarme en nadie más, me siguen llamando la atención otros. Cuando estudiaba eran compañeros de clase, cuando empecé a trabajar lógicamente fue un compañero de trabajo. Reconozco que tengo un problema y les saco algo bueno prácticamente a todos los chicos. El que no es guapo es simpático y si no es inteligente, interesante, etc. Ahora estoy leyendo el Genji Monogatari y entiendo al protagonista, aunque yo me quedo en el plano teórico y él no puede ser más práctico.
Hay gente que cuando está con alguien no se fija en nadie más, pero a mí no me cabe en la cabeza. Yo comparo la fidelidad con los helados. Primero pruebas varios sabores y eliges el que más te gusta, firmas un contrato de exclusividad con él y, a cambio de no comer otros sabores, puedes hartarte del que has elegido. Pero… si siempre comes chocolate, aunque te encante y no lo quieras cambiar, ¿es raro que alguna vez te apetezcan limón o fresa? Para mí lo raro es lo contrario.
Así que si me gustan casi todos pero tengo un contrato de exclusividad, lo que me quedan son los amores platónicos. Es como si necesitara estar siempre enamorada de alguien que no me corresponde.
Ahora me he pasado, aunque siempre han estado ahí también, a los personajes de ficción. Algo mucho más aséptico y seguro, amores platónicos de verdad. Creo que he pasado a un estado superior. ¿Qué hay más platónico que amar a un personaje de ficción, que no existe? Como he dicho en otro post, leo para evadirme de mi asquerosa vida, con lo cual es lógico. Algunos personajes que me han gustado (hace bastante, como veréis) han sido el caballero de Andrómeda, de los Caballeros del Zodiaco; Manrico de Los Moomins; Hugo Fénix, de Bola de Dan; Raistlin, de la saga Dragonlance; y Simkin, de La Espada de Joram (de los mismos autores). Ahora me gustan L, de Death Note; y Phoenix Wright y Miles Edgeworth, de la saga Ace Attorney.
Hala, partíos a placer.

viernes, 25 de junio de 2010

Me suicido por miedo a morir

Desde que me ido de casa no puedo evitar pensar que he cerrado una etapa de mi vida que ya no volverá. Me pasó igual cuando terminé la Universidad: estaba tan centrada en aprobar que todos mis objetivos terminaban ahí, nunca me había planteado realmente qué hacer con mi vida a partir de ese momento. Por supuesto, quería trabajar en lo que había estudiado, pero pensaba que nunca iba a conseguirlo. Al final, fue mucho más fácil de lo que había pensado (los tontos tenemos suerte, recordad). Y me encontré con que había conseguido lo que quería. Lo peor que me podía pasar. Ahora me siento atrapada en una mentira, porque, aunque trabajo en lo único que sé hacer, quiero hacer otras cosas. Sin embargo, me da miedo dejar lo que tengo seguro, aunque sea peor, y lanzarme a algo nuevo en lo que seguramente fracase.
Así que sufro cuando no tengo lo que quiero, pero sufro más aún cuando lo consigo y me quedo vacía de sueños. ¿Por qué siempre tengo tanto miedo? Miedo a los cambios, miedo al aburrimiento. Miedo a perder, miedo a ganar. Veo el lado negativo de todo, no puedo disfrutar simplemente de la belleza de un momento. Eso me recuerda al personaje de Raistlin de la saga Dragonlance: como castigo impuesto por su soberbia y ansias de poder, tenía las pupilas en forma de reloj de arena, por lo que veía todo cuanto miraba en decadencia, marchitándose. Claro que a mí el castigo no me viene por un exceso de ambición sino por lo contrario. Soy demasiado cobarde y conformista. De pequeña quería ser corresponsal en Israel. También quería ir a la Ruta Quetzal. Y ser escritora. No he conseguido nada de ello. Trabajo en una revista, pero soy una simple correctora ortográfica y de estilo y si viajo es a viajes de prensa que no son más que bailar el agua a las empresas. Escribo alguna poesía mala, malos post, malos fanfics,… También me encantaría aprender a bailar, a cantar, a componer música, a cocinar… Pero es que todo lo hago fatal, así que me rindo antes de empezar. Como siempre dice mi jefe, “me suicido por miedo a morir”.

lunes, 14 de junio de 2010

Leyendo otras vidas para escapar de la mía

Ayer terminó la Feria del Libro; para mí, uno de los acontecimientos del año. Nada puede compararse a pasar el rato en una biblioteca o una tienda de libros, buscando alguno en particular o dejándome sorprender por los que encuentro por casualidad. Mi forma de ser me da asco y mi vida me aburre, así que prácticamente nada me hace más feliz que leer. Una vieja historia, ¿verdad?
La realidad tiene elementos interesantes, lo reconozco, que no pueden sustituirse por la ficción. Los podemos dividir en dos categorías: por un lado, la satisfacción de las necesidades primarias y, por otro lado, la interacción con las personas que quieres o aprecias. Vamos, que hay ciertas cosas que es preferible experimentar en primera persona en lugar de recurrir a la experiencia vicaria. Como dijo Woody Allen: “Odio la realidad, pero es el único sitio donde se puede comer un buen filete”.
Así y todo, la tónica es que, en su mayor parte, la vida real es un coñazo. En cambio, una vez que has vivido en la realidad un mínimo de sentimientos y situaciones básicos (no digo que sea mejor ni peor, pero opino que no es lo mismo leer una historia de amor si has estado enamorado que si no lo has estado, por ejemplo), leyendo puedes acceder a todas las vidas, situaciones, experiencias, sentimientos, lugares y tiempos que te están vetados en la realidad. Se trata de escapar al tedio, a la rutina, a la mediocridad de mi vida. Al fin y al cabo, ¿no son todas las formas de ocio una vía de escape? Además de leer, también puedo viajar, salir de marcha, ir al cine, jugar a videojuegos, ver la tele...; pero, ¿cambiaría algo o seguiría huyendo de mí misma?

viernes, 11 de junio de 2010

La ortografía y la psicología inversa

Me parece interesante seguir la evolución de las normas ortográficas y me divierte investigar en los foros cómo se escribe mejor un término cuando el diccionario de la RAE se queda corto o atrasado respecto a cómo evoluciona el lenguaje. Se puede decir que se me da bien escribir sin faltas, pero no tiene especial mérito porque no me supone ningún esfuerzo, simplemente me encanta leer y gracias a ello suelo recordar cómo se escriben bien las palabras. De ahí la importancia que tiene que los encargados de escribir cualquier tipo de texto que llega al público se esmeren en hacerlo correctamente.
No voy a entrar en el debate de si la escritura de SMS o en chats va a terminar con las reglas ortográficas. Es simplemente que me resulta curioso cómo la sociedad hace evolucionar el lenguaje, ya que me estoy dando cuenta de que muchas veces lo hace siguiendo los mecanismos de la psicología inversa. Un ejemplo: si deber de implica posibilidad y deber tiene un sentido de obligación, ¿por qué todo el mundo lo utiliza al revés? ¿Por qué nos hartamos de decir: “Si quieres que Pepito se salve y continúe en la Academia, debes de llamar al 902 000 000” y cuando no sabemos algo decimos: “Debe ser…”? ¿Nos gusta llevar la contraria? ¿Por qué la RAE no le da la vuelta y ya está?
Otro ejemplo: no sé muy bien por qué, la RAE cambió la norma de acentuación de solo y sólo y ahora no es obligatorio ponerle acento a sólo más que cuando haya riesgo de confusión. Entonces, ¿por qué ahora veo campañas de Nike en las que pone: “Un sólo gol hace historia” (o algo parecido, no me acuerdo exactamente)? Sólo va acentuado cuando equivale a solamente y no cuando es sinónimo de único. Hombre, ahora que no es obligatorio, le ponen tilde hasta cuando no hace falta… Como digo, ¿no será por fastidiar?

martes, 8 de junio de 2010

¿Hogar, dulce hogar?

Un elemento que dificulta e incluso imposibilita la felicidad es que, por alguna estúpida razón, el ser humano cuando no tiene algo que quiere sufre porque no lo tiene y cuando lo consigue sufre porque ya no tiene nada que desear. Después de un año buscando casa para independizarme, me ha hecho mucha ilusión encontrarla, pero a la hora de la verdad, cuando me he trasladado, la ilusión se ha desinflado como un globo pinchado. Las razones, como no podía ser de otra forma, son absurdas y egoístas. Primera: en casa de mis padres mi mamá lo hacía todo. Lo reconozco, me voy de casa por vergüenza, pero por mí me quedaría hasta que me echaran. Vamos a ver, si te vas de casa para poder hacer lo que te dé la gana, pero luego no puedes hacer lo que quieres ni de coña, porque anda que no hay mierdas que hacer, ¿qué sentido tiene? Aquí es donde entra el factor pareja.
Segunda: lo reconozco, me voy de casa para poder follar con mi novio cuando nos apetezca, no cuando podamos como hasta ahora. Verse poco es uno de los mayores peligros para una relación, pero la convivencia también. ¿Cómo no caer en la rutina, cómo no discutir si las tareas del hogar son un puto coñazo? ¿Cómo seguir pareciendo sexy mientras friegas el suelo? En definitiva, me voy a vivir con él para que no se joda la relación, introduciendo una de las variables que más probablemente jodan la relación. Por follar más, al final igual follamos menos.
Y tercera: esta ya es porque soy una moñas. Cuando en casa de tus padres estás fatal, entiendo que estarás deseando largarte, pero yo me llevo muy bien con mi hermana y ya no va a ser lo mismo. Sé que podemos hablar y visitarnos, pero no es igual verse un rato que vivir en el mismo sitio.
Tras una larga experiencia psicoanalizándome, puedo ver que todo se reduce a lo de siempre: soy vaga y cobarde. Me rindo antes de empezar, no voy a saber hacer nada, mi novio va a pasar de mí, mi hermana no me va a echar de menos… ¿Conseguiré cambiar algún día? En fin, menos mal que esto no lo va a leer ni Dios.

lunes, 17 de mayo de 2010

Odio a mis vecinas de arriba

Como ya os habréis dado cuenta de que voy a usar este blog para quejarme de todo y no para algo interesante, voy a empezar con algo que da para quejarse largo y tendido.

Apreciadísimas vecinas de arriba:

Muchísimas gracias por impedir que durmamos yo, toda mi familia e imagino que todo el edificio con vuestros berridos a las dos de la mañana (otras veces es más pronto, he de reconocer, a las doce o la una; prácticamente de día, vamos). Francamente, queridas, me importa un bledo si os quitáis la ropa la una a la otra, si os coméis las galletas que la otra ha comprado con su dinero, o si tenéis un ordenador y no os ponéis de acuerdo a ver quién está en el Tuenti más tiempo.

Pero como veis, aunque no me interesa me he enterado de vuestras tremendas preocupaciones, que dejan a la altura del betún las discusiones sobre cómo salir de la crisis o cómo solucionar el problema de ETA. Así pues, si ya no por respeto, igual os interesaba callar la bocaza por vergüenza.

Solo un detalle más, tened cuidado cuando corréis por toda la casa para pegaros, no os vayáis a caer y abrir la cabeza, ya que lamentaría enormemente poder dormir cuando me apetezca y no cuando me dejéis.

Lo dicho, gracias por amenizar mis noches con vuestro espectáculo trágico-cómico.

miércoles, 12 de mayo de 2010

¿Deber o deseo?

Continuando con el tema de la posibilidad o no de alcanzar la felicidad, se me ocurre otra pregunta: ¿es posible ser feliz teniendo en cuenta que pasamos la mayor parte del tiempo haciendo cosas que no nos apetece hacer? Para poder vivir hay que trabajar, trabajar suele ser desagradable y dedicamos al trabajo como mínimo un tercio del día. Si añadimos el tiempo que requieren los desplazamientos casa-trabajo y viceversa y, a no ser que alguien lo haga por ti, otras obligaciones como las tareas del hogar, cuidar de los hijos en su caso, etc., ¿cuánto tiempo nos queda del día para hacer lo que realmente queremos hacer?
Ya lo advertía el Antiguo Testamento: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Tal vez la felicidad estuviera más cerca si continuáramos en el jardín del Edén y todo se nos diera hecho. La historia del ser humano es la historia de cómo librarse del trabajo: la esclavitud, la lotería, los braguetazos, la delicuencia, la corrupción política… Todo el mundo sueña con vivir sin trabajar.
Los dos factores fundamentales son dos: que te guste o no lo que haces y qué horario y carga de trabajo tienes. Cuando uno de los dos elementos falla, nos metemos en un círculo vicioso del que es muy difícil escapar. La vida se convierte en una estúpida sucesión de días en la que solo aspiras a que la semana pase deprisa para poder llegar al fin de semana, que es cuando realmente vives. Somos presos cinco días a la semana con dos días de libertad condicional, y volvemos a cumplir condena en cuanto terminan.

domingo, 9 de mayo de 2010

¿Derecho u obligación a la felicidad?

El modelo del sueño americano promociona la idea de que cualquier persona, sea cual sea su extracción social, edad, sexo o raza, puede lograr el éxito si se esfuerza lo suficiente. La idea negativa implícita es que si no alcanzas el éxito es por tu única y miserable culpa, porque eres un inútil o un vago redomado. Con la felicidad sucede exactamente lo mismo. Con toda la oferta de ocio existente, todas las posibilidades a tu alcance, estado del bienestar, créditos, etc., puestos a disposición del ciudadano, está claro que el que no es feliz es porque no quiere. Si embargo, los niveles de felicidad tradicionalmente son más elevados en los países más pobres. Quizá disponer de tantas facilidades para la felicidad lo que hace es elevar las pretensiones hasta niveles que imposibilitan su materialización. Quizá el secreto sea conformarse con poco y el nivel más bajo que se me ocurre para mantener el listón sea en conformarse con estar vivo, no importa en qué condiciones. Si cifras tu felicidad en cualquier otra cosa, puede terminar aburriéndote, dejándote de gustar, terminarse o volverse en tu contra, pero la vida, sin más exigencias, simplemente seguir respirando, es el único bien que cuando ya no lo tengas te va a dar exactamente igual.
Mi duda es: ¿Estamos programados para ser capaces de ser felices? ¿Podemos liberarnos de la necesidad de tenerlo todo? ¿Podemos escapar a nuestros deseos contradictorios? Según el budismo, la liberación de todo deseo conduce a la eliminación de todo sufrimiento. ¿Pero no eliminaría también toda felicidad? ¿No sería sustituir un vacío existencial por otro?