Continuando con el tema de la posibilidad o no de alcanzar la felicidad, se me ocurre otra pregunta: ¿es posible ser feliz teniendo en cuenta que pasamos la mayor parte del tiempo haciendo cosas que no nos apetece hacer? Para poder vivir hay que trabajar, trabajar suele ser desagradable y dedicamos al trabajo como mínimo un tercio del día. Si añadimos el tiempo que requieren los desplazamientos casa-trabajo y viceversa y, a no ser que alguien lo haga por ti, otras obligaciones como las tareas del hogar, cuidar de los hijos en su caso, etc., ¿cuánto tiempo nos queda del día para hacer lo que realmente queremos hacer?
Ya lo advertía el Antiguo Testamento: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Tal vez la felicidad estuviera más cerca si continuáramos en el jardín del Edén y todo se nos diera hecho. La historia del ser humano es la historia de cómo librarse del trabajo: la esclavitud, la lotería, los braguetazos, la delicuencia, la corrupción política… Todo el mundo sueña con vivir sin trabajar.
Los dos factores fundamentales son dos: que te guste o no lo que haces y qué horario y carga de trabajo tienes. Cuando uno de los dos elementos falla, nos metemos en un círculo vicioso del que es muy difícil escapar. La vida se convierte en una estúpida sucesión de días en la que solo aspiras a que la semana pase deprisa para poder llegar al fin de semana, que es cuando realmente vives. Somos presos cinco días a la semana con dos días de libertad condicional, y volvemos a cumplir condena en cuanto terminan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario