miércoles, 16 de noviembre de 2011
Cuando dije “todo este puto tiempo”...
...me refería a todo este puto tiempo desde el primer día que te vi, porque me gustas desde el primer día que te vi, aunque suene increíblemente manido y ridículo. Me gustaste cuando te vi; me gustaste cuando me caíste mal porque pensaba que eras un pijo y un enchufado; me gustaste cuando me di cuenta de que no lo eres; me gustaste cuando nos dijeron que nos trasladaban y lloré porque suponía trabajar contigo y pensé que sería insoportable tenerte tan cerca y tan lejos; me gustaste cuando efectivamente fue insoportable; me gustaste cuando me dijiste que te ibas y me dejaste aquí sola acordándome de ti; me gustaste cuando no te enfadaste conmigo por decirte que me gustas; me gustas cuando no estás y este sitio me parece absurdo y sin sentido sin ti; me gustas cuando apareces y me destrozas simplemente por verte. Me gustas porque eres todo lo que no soy.
lunes, 26 de septiembre de 2011
Did you do to your other man...?
Otro tema que viene a cuento de la boda que comentaba en el post anterior son los celos retrospectivos. La ex de mi novio es de su grupo de amigos, así que allí estaba. Y allí estaba yo, sufriendo: “Mírala, es más guapa que yo, más simpática, su vestido es más bonito y le queda mejor…”. Poco a poco me iba viniendo arriba: “Todo el mundo nos está viendo y piensa que mi novio ha salido perdiendo, que qué habrá visto en mí…”. Afortunadamente la veo poco, porque, de verdad, es una reacción que no puedo controlar. Y pensar que me caía bien… hasta el instante en que mi novio me dijo que era ella con quien salió. En ese momento ya la empecé a mirar con otros ojos. Ahora se los sacaría.
¿Qué retorcido mecanismo mental nos lleva a esta situación? ¿Para qué tenemos un cerebro racional si a la hora de la verdad no nos sirve para nada? Soy consciente de que esta chica en realidad me ha hecho un favor porque le dejó ella y así he tenido la suerte de poder quedármele para mí, pero no puedo evitar ponerme mala al verla. Es algo tan absurdo que si la veo sonreír pienso: “Mírala, se está riendo de mí, se está acordando de cuando se follaba a mi novio, grrrmmmfff”. Es patético, y es otra confirmación de mi teoría de que muchos sentimientos son un atraso evolutivo: generan sufrimiento y ni siquiera sirven para contribuir a la procreación. Porque, vamos a ver, los celos normales tienen sentido y justificación: no dejar acercarse a tus rivales a tu macho/hembra, que te lo quitan. Pero ¿celos del pasado, que ya no puedes hacer una mierda para cambiarlo? Porque este tipo de celos no es tanto que te dé miedo que aún siga sintiendo algo por ella sino por el simple hecho de que te jode que alguna vez haya sentido algo por alguien que no seas tú. Hay una frase de Prince que lo resume todo muy bien (de su canción I hate u): “Did you do to your other man the same things that you did to me?”. Si empiezas a pensar que ha hecho con ella lo mismo que contigo, o más, creo que no hay persona en este mundo a quien no le hierva la sangre. Pero la estupidez del género humano no tiene límites y no se queda ahí. Encima es que quieres saber más. Si hay un tipo de curiosidad malsana por antonomasia, es esta. Y te recreas, te regodeas, pidiendo detalles, hurgando en la herida. Por desgracia o por fortuna, no existe una escala de Mohs de cómo de dura se la ponía ella y cómo se la pones tú, porque si no lo preguntabas también. Porque ahí está el quid de la cuestión: ¡quieres ser mejor que ella! Quieres que te quiera a ti más, que haga contigo cosas que no ha hecho con ella: “Nos hemos ido de vacaciones juntos y con ella no se fue… ¡toma eso!” Y te alegras… con perversa alegría. Así que el problema de fondo de este tipo de celos es, triste y poco originalmente, la baja autoestima.
En efecto, si fuera fea, estúpida y fracasada, seguro que me caía genial.
¿Qué retorcido mecanismo mental nos lleva a esta situación? ¿Para qué tenemos un cerebro racional si a la hora de la verdad no nos sirve para nada? Soy consciente de que esta chica en realidad me ha hecho un favor porque le dejó ella y así he tenido la suerte de poder quedármele para mí, pero no puedo evitar ponerme mala al verla. Es algo tan absurdo que si la veo sonreír pienso: “Mírala, se está riendo de mí, se está acordando de cuando se follaba a mi novio, grrrmmmfff”. Es patético, y es otra confirmación de mi teoría de que muchos sentimientos son un atraso evolutivo: generan sufrimiento y ni siquiera sirven para contribuir a la procreación. Porque, vamos a ver, los celos normales tienen sentido y justificación: no dejar acercarse a tus rivales a tu macho/hembra, que te lo quitan. Pero ¿celos del pasado, que ya no puedes hacer una mierda para cambiarlo? Porque este tipo de celos no es tanto que te dé miedo que aún siga sintiendo algo por ella sino por el simple hecho de que te jode que alguna vez haya sentido algo por alguien que no seas tú. Hay una frase de Prince que lo resume todo muy bien (de su canción I hate u): “Did you do to your other man the same things that you did to me?”. Si empiezas a pensar que ha hecho con ella lo mismo que contigo, o más, creo que no hay persona en este mundo a quien no le hierva la sangre. Pero la estupidez del género humano no tiene límites y no se queda ahí. Encima es que quieres saber más. Si hay un tipo de curiosidad malsana por antonomasia, es esta. Y te recreas, te regodeas, pidiendo detalles, hurgando en la herida. Por desgracia o por fortuna, no existe una escala de Mohs de cómo de dura se la ponía ella y cómo se la pones tú, porque si no lo preguntabas también. Porque ahí está el quid de la cuestión: ¡quieres ser mejor que ella! Quieres que te quiera a ti más, que haga contigo cosas que no ha hecho con ella: “Nos hemos ido de vacaciones juntos y con ella no se fue… ¡toma eso!” Y te alegras… con perversa alegría. Así que el problema de fondo de este tipo de celos es, triste y poco originalmente, la baja autoestima.
En efecto, si fuera fea, estúpida y fracasada, seguro que me caía genial.
To be or not to be... married
Se abre la temporada de bodas en el grupo de amigos de mi novio. Ya se ha casado la primera pareja y ahora van todos en cascada. Así que tendremos que aguantar unas cuantas veces que nos pregunten cuándo nos toca a nosotros y que nos miren raro cuando contestamos que ni idea, que no lo tenemos previsto. Me da igual casarme, ¿es tan raro que no tenga ese objetivo vital? Seamos realistas, preparar una boda es un coñazo. Y cuesta un ojo de la cara. Como ya he comentado varias veces, si hay un adjetivo que me describa acertadamente es “vaga”, luego la idea de organizar algo en lo que hay que controlar tantos pequeños detalles para que todo salga bien no me seduce. Además, odio gastar dinero en chorradas. ¿Y hay dinero más tirado que el que se gasta en una boda? Pagar a la Iglesia, en la que no creo, pagar comida que te costaría la décima parte en circunstancias normales, etc. Por añadidura, no me gusta ser protagonista de nada y en una boda la protagonista es la novia. Así que el concepto general de boda está bastante lejos de mi forma de ser. Con todo, obviamente las bodas me gustan. Estar con tus seres queridos, celebrando tu amor con tu pareja es bonito. También está lo del viaje, que a nadie le amarga un dulce, y me encantan los vestidos de novia, eso sí me dará pena. Pero vamos, que no me voy a casar por el viaje, el vestido o porque todo el mundo lo haga.
Visto todo lo anterior, se puede decir que no he abordado el meollo de la cuestión, que es el compromiso, y es cierto. Tengo miedo al compromiso. Pero lo tengo ya, desde el momento en que decidimos compartir nuestra vida, porque el compromiso no es más que decir que vas a estar ahí cuando toque pringar. Y tengo asumido que tarde o temprano todos tenemos que pringar, porque están los hijos, si hay que cuidar a alguien de la familia... Y me asusta, porque soy egoísta y vaga y preferiría poder seguir con mi cómoda y egoísta vida a tener que dedicarme a los demás. Pero me tendré que joder porque si quieres a alguien no vale con estar ahí solo para lo bueno. Así que lo reconozco, me acojona el compromiso, pero lo que quiero decir es que no creo que porque firme un papel o no sea una persona distinta a la hora de la verdad. No hace falta casarse para asumir este compromiso y, al contrario, puedes estar casado y no ayudar a tu pareja en una mierda, véase el modelo de matrimonio tradicional, en el que la única que pringaba era la mujer.
Visto todo lo anterior, se puede decir que no he abordado el meollo de la cuestión, que es el compromiso, y es cierto. Tengo miedo al compromiso. Pero lo tengo ya, desde el momento en que decidimos compartir nuestra vida, porque el compromiso no es más que decir que vas a estar ahí cuando toque pringar. Y tengo asumido que tarde o temprano todos tenemos que pringar, porque están los hijos, si hay que cuidar a alguien de la familia... Y me asusta, porque soy egoísta y vaga y preferiría poder seguir con mi cómoda y egoísta vida a tener que dedicarme a los demás. Pero me tendré que joder porque si quieres a alguien no vale con estar ahí solo para lo bueno. Así que lo reconozco, me acojona el compromiso, pero lo que quiero decir es que no creo que porque firme un papel o no sea una persona distinta a la hora de la verdad. No hace falta casarse para asumir este compromiso y, al contrario, puedes estar casado y no ayudar a tu pareja en una mierda, véase el modelo de matrimonio tradicional, en el que la única que pringaba era la mujer.
lunes, 4 de julio de 2011
Todo cambia y sigue igual
He estado repasando todas las tonterías que he ido escribiendo aquí y, un año después de irme a vivir con mi novio, tengo que decir que mis miedos eran ridículos. O bien aún no se ha dado cuenta de lo horrible e insoportable que soy, o bien es que realmente le gusta cómo soy… Curioso. En cuanto a las tareas de la casa, no están tan mal, excepto cocinar. Si me gusta tener todo controlado, ¿cómo me a gustar algo que, si haces lo mismo veinte veces, las veinte veces te puede salir distinto? Si soy vaga, ¿cómo voy a disfrutar con una actividad con una relación Tiempo de Elaboración- Tiempo de Disfrute tan injustamente desigual? Eso sí, he descubierto que hacer tortilla de patatas me relaja: en lugar de la ceremonia del té, hago la ceremonia de la tortilla de patata. Pura mística.
Respecto a mi compañero de trabajo, he superado el periodo de síndrome de abstinencia y ya no me subo por las paredes. Qué gran poder de resiliencia tiene el ser humano. Aunque creí volverme loca, todo ha seguido su cauce normal. Esto no quita para que cada vez que le vuelvo a ver, me acuerde de por qué me encanta. Aunque la última vez me ha restregado lo triunfadora y maravillosa que es su mujer en el trabajo, pero bueno, es lo que hay, yo soy una fracasada con un sueldo de mierda y ninguna empresa me quiere, y ella cobra un pastón y se la rifan los cazadores de talento. Si soy sincera conmigo misma, creo que me da más envidia eso que el hecho de que la quiera a ella. Joder, soy lo peor.
Por último, quería añadir algo sobre mi compañero actual, ya que del anterior ya he hablado bastante. Al principio me cayó bien, luego me pareció un poco pesado y ha llegado a parecerme pesado de cojones, así que le he comentado lo que me molesta (hace continuamente las mismas bromas, me pregunta tonterías todo el tiempo, si le tengo que pasar algo me lo repite veinte veces aunque le diga que estoy haciendo otra cosa...) para que el día a día no se me haga una pesadilla. También me jode que entre cobrando más que yo, solo porque en su día entré como becaria y no como empleada directamente. Vamos a ver, que llevo aquí cinco años, ¿no debería cobrar al menos igual que un tío que acaba de entrar? ¿Es eso justo? Además, no es por tirarme el pisto pero me lo tiro: sabré mal inglés e informática, pero él no tiene ni idea de cosas que cualquier chaval de instituto (bueno, y de colegio…) sabe hoy en día. Y curro bastante más que él. Así que lo siento, pero estoy viviendo un ligero choque generacional y no me hace ninguna gracia. Es una putada quedarte sin curro a cierta edad, pero si has vivido de puta madre hasta ahora en curros en los que no pegabas un palo al agua y no te has preocupado una mierda por aprender lo que hace falta hoy en día, pues pasa lo que pasa, que o entras enchufado o no te quieren en ningún sitio. Y es que si tengo que competir con 50.000 tíos que saben lo mismo que yo o mucho más, prefiero que me quiten ellos el puesto a alguien que ni siquiera tiene esos conocimientos básicos, por muchos años de experiencia que tenga. Esto me ha quedado bastante hijadeputa, pero qué queréis, el mundo me ha hecho así.
Respecto a mi compañero de trabajo, he superado el periodo de síndrome de abstinencia y ya no me subo por las paredes. Qué gran poder de resiliencia tiene el ser humano. Aunque creí volverme loca, todo ha seguido su cauce normal. Esto no quita para que cada vez que le vuelvo a ver, me acuerde de por qué me encanta. Aunque la última vez me ha restregado lo triunfadora y maravillosa que es su mujer en el trabajo, pero bueno, es lo que hay, yo soy una fracasada con un sueldo de mierda y ninguna empresa me quiere, y ella cobra un pastón y se la rifan los cazadores de talento. Si soy sincera conmigo misma, creo que me da más envidia eso que el hecho de que la quiera a ella. Joder, soy lo peor.
Por último, quería añadir algo sobre mi compañero actual, ya que del anterior ya he hablado bastante. Al principio me cayó bien, luego me pareció un poco pesado y ha llegado a parecerme pesado de cojones, así que le he comentado lo que me molesta (hace continuamente las mismas bromas, me pregunta tonterías todo el tiempo, si le tengo que pasar algo me lo repite veinte veces aunque le diga que estoy haciendo otra cosa...) para que el día a día no se me haga una pesadilla. También me jode que entre cobrando más que yo, solo porque en su día entré como becaria y no como empleada directamente. Vamos a ver, que llevo aquí cinco años, ¿no debería cobrar al menos igual que un tío que acaba de entrar? ¿Es eso justo? Además, no es por tirarme el pisto pero me lo tiro: sabré mal inglés e informática, pero él no tiene ni idea de cosas que cualquier chaval de instituto (bueno, y de colegio…) sabe hoy en día. Y curro bastante más que él. Así que lo siento, pero estoy viviendo un ligero choque generacional y no me hace ninguna gracia. Es una putada quedarte sin curro a cierta edad, pero si has vivido de puta madre hasta ahora en curros en los que no pegabas un palo al agua y no te has preocupado una mierda por aprender lo que hace falta hoy en día, pues pasa lo que pasa, que o entras enchufado o no te quieren en ningún sitio. Y es que si tengo que competir con 50.000 tíos que saben lo mismo que yo o mucho más, prefiero que me quiten ellos el puesto a alguien que ni siquiera tiene esos conocimientos básicos, por muchos años de experiencia que tenga. Esto me ha quedado bastante hijadeputa, pero qué queréis, el mundo me ha hecho así.
martes, 3 de mayo de 2011
Mascando la tragedia, digiriendo los problemas
Somos animales anticipatorios. Nada es tan bueno o tan malo en la realidad como en nuestra previsión de ello. Los preliminares, el enamoramiento, el embarazo, el viernes. La esperanza de que se cumplan nuestros sueños, la promesa interminable. El estudio para el examen, el plan para el crimen, el diagnóstico, el domingo por la tarde. Previendo y temiendo todo lo que puede salir mal. Antesalas del cielo o del infierno. Salas de espera con mariposas en el estómago o con gusanos en las entrañas. Anticipación. Desasosiego.
Luego viene la certeza, la realidad, los hechos inapelables. Por suerte, olvidamos con más facilidad de lo que creemos. Las mayores alegrías, los más grandes fracasos, las satisfacciones largo tiempo esperadas, las heridas más profundas, todo se va diluyendo aunque al principio parezca imposible. Sin duda es una ventaja evolutiva, pero no quita para que a veces lleguemos a sentirnos de cartón piedra, lleguemos a pensar que tenemos el corazón de cemento armado. Cómo podemos seguir delante después de tragedias inimaginables, cómo puede dejar de hacernos felices tan rápidamente algo que pensamos cuando no lo teníamos que era lo único que nos hacía falta para alcanzar la plenitud. Cómo somos capaces de vivir dejando a un lado las preocupaciones, haciendo como que no existen, haciendo de tripas corazón para no derrumbarnos, para que los demás no lo noten. Cómo puedo seguir pensando en mis pequeñas preocupaciones estúpidas, mientras los demás tienen problemas de verdad y no sé cómo ayudarles.
Luego viene la certeza, la realidad, los hechos inapelables. Por suerte, olvidamos con más facilidad de lo que creemos. Las mayores alegrías, los más grandes fracasos, las satisfacciones largo tiempo esperadas, las heridas más profundas, todo se va diluyendo aunque al principio parezca imposible. Sin duda es una ventaja evolutiva, pero no quita para que a veces lleguemos a sentirnos de cartón piedra, lleguemos a pensar que tenemos el corazón de cemento armado. Cómo podemos seguir delante después de tragedias inimaginables, cómo puede dejar de hacernos felices tan rápidamente algo que pensamos cuando no lo teníamos que era lo único que nos hacía falta para alcanzar la plenitud. Cómo somos capaces de vivir dejando a un lado las preocupaciones, haciendo como que no existen, haciendo de tripas corazón para no derrumbarnos, para que los demás no lo noten. Cómo puedo seguir pensando en mis pequeñas preocupaciones estúpidas, mientras los demás tienen problemas de verdad y no sé cómo ayudarles.
miércoles, 16 de marzo de 2011
No creo que nadie sienta por ti lo que siento yo ahora
Si supieras las ganas que tengo de verte, solo se comparan con el miedo que tengo a que luego te vayas. No sé si prefiero verte o no, porque luego es peor, mucho peor. Si consigo no escribirte mensajes a cada segundo es porque quiero que estés orgulloso de mí y veas lo bien que lo estoy llevando. Cuando parece que todo va bien, me vuelvo a hundir, ya no sé ni qué escribirte, todo lo que quise alguna vez se ha perdido, estoy en un sitio más oscuro que la muerte, más vacío que la muerte, más triste que la muerte, es una situación de la que no puedo escapar sin daño. Como dice Fito, escribo para estar contigo. Si supieras las veces que he pensado llamarte solo para oír tu voz, tengo celos hasta del aire que respiras, te echo de menos hasta sin darme cuenta. Me da tanto miedo venir aquí porque sé que no vas a estar, que no puedo dormir de pensarlo. Siempre he sabido que no sientes nada, pero ahora ni siquiera estás aquí, ni siquiera puedo verte ni oírte y cada segundo que paso aquí es una tortura.
miércoles, 26 de enero de 2011
What is wrong with me
Si algo tengo claro es que no soy especial. Todo lo que he vivido y pueda vivir ya lo ha vivido alguien, mis reacciones son absolutamente previsibles, todo tiene una explicación, y si en algún momento algo me parece único es porque en el fondo a todos nos gustaría que lo fuera. No creo en el destino, solo en que estamos determinados biológica, psicológica y socialmente. Pero en último término siempre tenemos libertad de elección. Es la mejor broma de Dios: “Sí, os he creado como me ha dado la gana, pero os he dado libre albedrío... Yo he puesto las reglas del juego, yo he creado las cartas y yo las he repartido, pero ¿de qué os quejáis? Podéis jugar con ellas como queráis”. Claro, muchas gracias. No tengo la culpa de que el mundo sea injusto y absurdo, pero sí tengo la culpa de todo lo que haga porque la responsabilidad final es mía ya que puedo elegir. Lo cruel de la vida es que somos lógicos e ilógicos a la vez, que sabemos lo que hacemos mal, pero lo hacemos. Es tan fácil convertirse en Mr. Hyde y tan difícil ser buena persona y hacer la vida más feliz a los demás.
Por supuesto, podría dejarlo todo y dedicarme a dar la vuelta al mundo en canoa, pero mi perfil psicológico (reacia a los cambios, cobarde y vaga) me lo pone muy complicado. Vale, es una forma más de inventarme excusas para no hacer eso que quiero hacer, pero es que es tan difícil… Las posibilidades de que pueda vivir de escribir son ínfimas. ¿Debo dejarlo todo por una fantasía estúpida? ¿O realmente podría hacerlo? Estoy harta de oír que si quieres algo de verdad lo consigues. Pero también estoy harta de oír historias de gente en el paro o viviendo debajo de un puente. Sí, mi problema es que lo quiero todo. En todos los ámbitos. No se puede, joder. No se puede tener emoción y estabilidad. No se puede tener comodidad y aventura. El trabajo que me gusta no tiene un sueldo fijo. Un novio formal no tiene la emoción de un rollo de un día. Me encanta mi vida y no la cambiaría por nada. Odio mi vida y lo cambiaría todo. Y siento las dos cosas a la vez. Me siento en paz y atrapada. Me siento afortunada y miserable. Y sobre todo siento que dará igual que siga con mi vida o que me vaya a dar la vuelta al mundo en canoa. No soy capaz de ser feliz. Porque siempre hay que elegir y siempre cuando elijo solo veo lo que no he elegido.
Lo sé, en realidad me invento problemas porque no tengo problemas de verdad (una enfermedad, no tener trabajo y no poder cuidar a tu familia, que te maltraten, no poder estar con las personas que quieres, estar solo…). Lo sé, tengo tantas cosas que agradecer y en vez de eso sufro por auténticas estupideces y debería darme vergüenza, y lo cierto es que me da, y lo siento. Siento ser así. Me encantaría ser mejor persona. Soy consciente de que soy estúpida, egoísta y miserable. Cualquiera es mejor que yo, más fuerte, más generoso, conozco a tanta gente que sonríe a pesar de que lo está pasando mal, que lo intenta aunque se pueda equivocar.
¿Ves? Eso me recuerda a ti. Me encantaba oírte decir que te gustan los retos y que no te importa equivocarte. Me gustaría tanto ser así… Pero no, odio equivocarme. Me hundo cuando hago algo mal. Me gusta inventarme que alguien va a salvarme, pero sé que la vida no es así.
¿Qué anda mal en mí? Creo que todo. No me gusto, no encajo, no funciono. Tendría que cambiar tantas cosas de mí para ser mejor, que dejaría de ser yo.
Por supuesto, podría dejarlo todo y dedicarme a dar la vuelta al mundo en canoa, pero mi perfil psicológico (reacia a los cambios, cobarde y vaga) me lo pone muy complicado. Vale, es una forma más de inventarme excusas para no hacer eso que quiero hacer, pero es que es tan difícil… Las posibilidades de que pueda vivir de escribir son ínfimas. ¿Debo dejarlo todo por una fantasía estúpida? ¿O realmente podría hacerlo? Estoy harta de oír que si quieres algo de verdad lo consigues. Pero también estoy harta de oír historias de gente en el paro o viviendo debajo de un puente. Sí, mi problema es que lo quiero todo. En todos los ámbitos. No se puede, joder. No se puede tener emoción y estabilidad. No se puede tener comodidad y aventura. El trabajo que me gusta no tiene un sueldo fijo. Un novio formal no tiene la emoción de un rollo de un día. Me encanta mi vida y no la cambiaría por nada. Odio mi vida y lo cambiaría todo. Y siento las dos cosas a la vez. Me siento en paz y atrapada. Me siento afortunada y miserable. Y sobre todo siento que dará igual que siga con mi vida o que me vaya a dar la vuelta al mundo en canoa. No soy capaz de ser feliz. Porque siempre hay que elegir y siempre cuando elijo solo veo lo que no he elegido.
Lo sé, en realidad me invento problemas porque no tengo problemas de verdad (una enfermedad, no tener trabajo y no poder cuidar a tu familia, que te maltraten, no poder estar con las personas que quieres, estar solo…). Lo sé, tengo tantas cosas que agradecer y en vez de eso sufro por auténticas estupideces y debería darme vergüenza, y lo cierto es que me da, y lo siento. Siento ser así. Me encantaría ser mejor persona. Soy consciente de que soy estúpida, egoísta y miserable. Cualquiera es mejor que yo, más fuerte, más generoso, conozco a tanta gente que sonríe a pesar de que lo está pasando mal, que lo intenta aunque se pueda equivocar.
¿Ves? Eso me recuerda a ti. Me encantaba oírte decir que te gustan los retos y que no te importa equivocarte. Me gustaría tanto ser así… Pero no, odio equivocarme. Me hundo cuando hago algo mal. Me gusta inventarme que alguien va a salvarme, pero sé que la vida no es así.
¿Qué anda mal en mí? Creo que todo. No me gusto, no encajo, no funciono. Tendría que cambiar tantas cosas de mí para ser mejor, que dejaría de ser yo.
jueves, 20 de enero de 2011
¿Le gusto o no le gusto?
Soy una cabrona, pero me parto con algunos problemas que leo por la web: “Me gusta un chico y no sé si siente lo mismo por mí. Hablamos durante horas, nos reímos juntos, tontea conmigo, pero no acabo de estar segura…” O bien: “Cuando le miro se pone rojo y aparta la mirada, ¿será que le caigo mal?”
¡Pero coño! ¿Qué más quieres? ¿Que te lo ponga por escrito? Si se pone nervioso cuando habla contigo, se pone colorado, mira para otro lado o incluso finge indiferencia, le gustas pero es cortado. Si os lo pasáis de puta madre juntos, te cuenta sus problemas, ilusiones, etc. y tontea contigo, le gustas y no es cortado. Si pasa todo lo anterior excepto la parte de que tontea contigo, le caes bien. Si quieres saber si puede pasar algo más, coño, tontea tú y si te sigue el juego, la cosa va bien, si no lo hace, la cosa está jodida. Y joder, cuando le caes mal a alguien o le importas un comino creo que salta a la vista.
En fin, que no digo que no haya casos en que sea complicado distinguirlo, pero opino que es bastante sencillo saber si alguien está interesado en ti, o simplemente le caes bien o, en cambio, le caes mal o pasa de ti.
Lo jodido es cuando sabes a ciencia cierta que no le gustas. La incertidumbre desasosiega, la certeza mata.
¡Pero coño! ¿Qué más quieres? ¿Que te lo ponga por escrito? Si se pone nervioso cuando habla contigo, se pone colorado, mira para otro lado o incluso finge indiferencia, le gustas pero es cortado. Si os lo pasáis de puta madre juntos, te cuenta sus problemas, ilusiones, etc. y tontea contigo, le gustas y no es cortado. Si pasa todo lo anterior excepto la parte de que tontea contigo, le caes bien. Si quieres saber si puede pasar algo más, coño, tontea tú y si te sigue el juego, la cosa va bien, si no lo hace, la cosa está jodida. Y joder, cuando le caes mal a alguien o le importas un comino creo que salta a la vista.
En fin, que no digo que no haya casos en que sea complicado distinguirlo, pero opino que es bastante sencillo saber si alguien está interesado en ti, o simplemente le caes bien o, en cambio, le caes mal o pasa de ti.
Lo jodido es cuando sabes a ciencia cierta que no le gustas. La incertidumbre desasosiega, la certeza mata.
miércoles, 19 de enero de 2011
Balance: siniestro total
El comienzo de un nuevo año es el momento ideal para hacer balance. A nivel global, creo que el mundo camina hacia su destrucción: crisis económica, desastres ecológicos, violencia, los mismos conflictos de siempre que no se resuelven... A nivel personal, cada día que pasa sé menos quién coño soy y qué quiero.
Mi compañero de trabajo se ha cambiado de trabajo y no se me ha ocurrido mejor forma de despedirle que escribiéndole un sms diciéndole que me ha gustado durante todo este tiempo y que le echo de menos. En fin, si antes le caía mal, ahora pensará que soy gilipollas. ¿Que por qué lo he hecho? Bueno, porque soy gilipollas y porque estaba harta de habérmelo callado durante cinco años. Porque me sentía asquerosamente mal cuando estaba, pero me siento asquerosamente peor ahora que no está. Como si hubiera dejado las drogas, como si me hubieran arrancado un brazo.
¿Por qué me gusta alguien que pasa de mí y que no quiero que me guste? ¿Por qué no puedo decidir lo que quiero sentir? El cerebro es un órgano claramente mejorable y 9 de cada 10 sentimientos son claramente prescindibles. No sé por qué la ciencia ficción se empeña en inventar robots con sentimientos. ¿No sería mucho mejor aplicar las ventajas de los robots a los humanos y poder dejar de sentir, pensar y/o sufrir apretando un botón?
¿De qué sirve que esté aquí, echándote de menos como una imbécil, mientras tú no te acuerdas de mí en absoluto? ¿De qué sirve que todo me recuerde a ti? ¿Que me ahogue entre estas cuatro paredes? Y encima estoy paranoica, pienso que se lo has dicho a todo el mundo y que toda la empresa lo sabe y se descojona de mí o me mira mal.
Si tan solo pudiera aprovechar esta basura para escribir algo realmente bueno, pero ni siquiera soy capaz de eso. Algo como esto: la mejor descripción que he encontrado por Internet (A veces busco respuestas por la Red como si fuera el i-ching. A veces las encuentro).
Mi compañero de trabajo se ha cambiado de trabajo y no se me ha ocurrido mejor forma de despedirle que escribiéndole un sms diciéndole que me ha gustado durante todo este tiempo y que le echo de menos. En fin, si antes le caía mal, ahora pensará que soy gilipollas. ¿Que por qué lo he hecho? Bueno, porque soy gilipollas y porque estaba harta de habérmelo callado durante cinco años. Porque me sentía asquerosamente mal cuando estaba, pero me siento asquerosamente peor ahora que no está. Como si hubiera dejado las drogas, como si me hubieran arrancado un brazo.
¿Por qué me gusta alguien que pasa de mí y que no quiero que me guste? ¿Por qué no puedo decidir lo que quiero sentir? El cerebro es un órgano claramente mejorable y 9 de cada 10 sentimientos son claramente prescindibles. No sé por qué la ciencia ficción se empeña en inventar robots con sentimientos. ¿No sería mucho mejor aplicar las ventajas de los robots a los humanos y poder dejar de sentir, pensar y/o sufrir apretando un botón?
¿De qué sirve que esté aquí, echándote de menos como una imbécil, mientras tú no te acuerdas de mí en absoluto? ¿De qué sirve que todo me recuerde a ti? ¿Que me ahogue entre estas cuatro paredes? Y encima estoy paranoica, pienso que se lo has dicho a todo el mundo y que toda la empresa lo sabe y se descojona de mí o me mira mal.
Si tan solo pudiera aprovechar esta basura para escribir algo realmente bueno, pero ni siquiera soy capaz de eso. Algo como esto: la mejor descripción que he encontrado por Internet (A veces busco respuestas por la Red como si fuera el i-ching. A veces las encuentro).
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