Otro tema que viene a cuento de la boda que comentaba en el post anterior son los celos retrospectivos. La ex de mi novio es de su grupo de amigos, así que allí estaba. Y allí estaba yo, sufriendo: “Mírala, es más guapa que yo, más simpática, su vestido es más bonito y le queda mejor…”. Poco a poco me iba viniendo arriba: “Todo el mundo nos está viendo y piensa que mi novio ha salido perdiendo, que qué habrá visto en mí…”. Afortunadamente la veo poco, porque, de verdad, es una reacción que no puedo controlar. Y pensar que me caía bien… hasta el instante en que mi novio me dijo que era ella con quien salió. En ese momento ya la empecé a mirar con otros ojos. Ahora se los sacaría.
¿Qué retorcido mecanismo mental nos lleva a esta situación? ¿Para qué tenemos un cerebro racional si a la hora de la verdad no nos sirve para nada? Soy consciente de que esta chica en realidad me ha hecho un favor porque le dejó ella y así he tenido la suerte de poder quedármele para mí, pero no puedo evitar ponerme mala al verla. Es algo tan absurdo que si la veo sonreír pienso: “Mírala, se está riendo de mí, se está acordando de cuando se follaba a mi novio, grrrmmmfff”. Es patético, y es otra confirmación de mi teoría de que muchos sentimientos son un atraso evolutivo: generan sufrimiento y ni siquiera sirven para contribuir a la procreación. Porque, vamos a ver, los celos normales tienen sentido y justificación: no dejar acercarse a tus rivales a tu macho/hembra, que te lo quitan. Pero ¿celos del pasado, que ya no puedes hacer una mierda para cambiarlo? Porque este tipo de celos no es tanto que te dé miedo que aún siga sintiendo algo por ella sino por el simple hecho de que te jode que alguna vez haya sentido algo por alguien que no seas tú. Hay una frase de Prince que lo resume todo muy bien (de su canción I hate u): “Did you do to your other man the same things that you did to me?”. Si empiezas a pensar que ha hecho con ella lo mismo que contigo, o más, creo que no hay persona en este mundo a quien no le hierva la sangre. Pero la estupidez del género humano no tiene límites y no se queda ahí. Encima es que quieres saber más. Si hay un tipo de curiosidad malsana por antonomasia, es esta. Y te recreas, te regodeas, pidiendo detalles, hurgando en la herida. Por desgracia o por fortuna, no existe una escala de Mohs de cómo de dura se la ponía ella y cómo se la pones tú, porque si no lo preguntabas también. Porque ahí está el quid de la cuestión: ¡quieres ser mejor que ella! Quieres que te quiera a ti más, que haga contigo cosas que no ha hecho con ella: “Nos hemos ido de vacaciones juntos y con ella no se fue… ¡toma eso!” Y te alegras… con perversa alegría. Así que el problema de fondo de este tipo de celos es, triste y poco originalmente, la baja autoestima.
En efecto, si fuera fea, estúpida y fracasada, seguro que me caía genial.
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