lunes, 26 de septiembre de 2011

To be or not to be... married

Se abre la temporada de bodas en el grupo de amigos de mi novio. Ya se ha casado la primera pareja y ahora van todos en cascada. Así que tendremos que aguantar unas cuantas veces que nos pregunten cuándo nos toca a nosotros y que nos miren raro cuando contestamos que ni idea, que no lo tenemos previsto. Me da igual casarme, ¿es tan raro que no tenga ese objetivo vital? Seamos realistas, preparar una boda es un coñazo. Y cuesta un ojo de la cara. Como ya he comentado varias veces, si hay un adjetivo que me describa acertadamente es “vaga”, luego la idea de organizar algo en lo que hay que controlar tantos pequeños detalles para que todo salga bien no me seduce. Además, odio gastar dinero en chorradas. ¿Y hay dinero más tirado que el que se gasta en una boda? Pagar a la Iglesia, en la que no creo, pagar comida que te costaría la décima parte en circunstancias normales, etc. Por añadidura, no me gusta ser protagonista de nada y en una boda la protagonista es la novia. Así que el concepto general de boda está bastante lejos de mi forma de ser. Con todo, obviamente las bodas me gustan. Estar con tus seres queridos, celebrando tu amor con tu pareja es bonito. También está lo del viaje, que a nadie le amarga un dulce, y me encantan los vestidos de novia, eso sí me dará pena. Pero vamos, que no me voy a casar por el viaje, el vestido o porque todo el mundo lo haga.
Visto todo lo anterior, se puede decir que no he abordado el meollo de la cuestión, que es el compromiso, y es cierto. Tengo miedo al compromiso. Pero lo tengo ya, desde el momento en que decidimos compartir nuestra vida, porque el compromiso no es más que decir que vas a estar ahí cuando toque pringar. Y tengo asumido que tarde o temprano todos tenemos que pringar, porque están los hijos, si hay que cuidar a alguien de la familia... Y me asusta, porque soy egoísta y vaga y preferiría poder seguir con mi cómoda y egoísta vida a tener que dedicarme a los demás. Pero me tendré que joder porque si quieres a alguien no vale con estar ahí solo para lo bueno. Así que lo reconozco, me acojona el compromiso, pero lo que quiero decir es que no creo que porque firme un papel o no sea una persona distinta a la hora de la verdad. No hace falta casarse para asumir este compromiso y, al contrario, puedes estar casado y no ayudar a tu pareja en una mierda, véase el modelo de matrimonio tradicional, en el que la única que pringaba era la mujer.

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