viernes, 25 de junio de 2010

Me suicido por miedo a morir

Desde que me ido de casa no puedo evitar pensar que he cerrado una etapa de mi vida que ya no volverá. Me pasó igual cuando terminé la Universidad: estaba tan centrada en aprobar que todos mis objetivos terminaban ahí, nunca me había planteado realmente qué hacer con mi vida a partir de ese momento. Por supuesto, quería trabajar en lo que había estudiado, pero pensaba que nunca iba a conseguirlo. Al final, fue mucho más fácil de lo que había pensado (los tontos tenemos suerte, recordad). Y me encontré con que había conseguido lo que quería. Lo peor que me podía pasar. Ahora me siento atrapada en una mentira, porque, aunque trabajo en lo único que sé hacer, quiero hacer otras cosas. Sin embargo, me da miedo dejar lo que tengo seguro, aunque sea peor, y lanzarme a algo nuevo en lo que seguramente fracase.
Así que sufro cuando no tengo lo que quiero, pero sufro más aún cuando lo consigo y me quedo vacía de sueños. ¿Por qué siempre tengo tanto miedo? Miedo a los cambios, miedo al aburrimiento. Miedo a perder, miedo a ganar. Veo el lado negativo de todo, no puedo disfrutar simplemente de la belleza de un momento. Eso me recuerda al personaje de Raistlin de la saga Dragonlance: como castigo impuesto por su soberbia y ansias de poder, tenía las pupilas en forma de reloj de arena, por lo que veía todo cuanto miraba en decadencia, marchitándose. Claro que a mí el castigo no me viene por un exceso de ambición sino por lo contrario. Soy demasiado cobarde y conformista. De pequeña quería ser corresponsal en Israel. También quería ir a la Ruta Quetzal. Y ser escritora. No he conseguido nada de ello. Trabajo en una revista, pero soy una simple correctora ortográfica y de estilo y si viajo es a viajes de prensa que no son más que bailar el agua a las empresas. Escribo alguna poesía mala, malos post, malos fanfics,… También me encantaría aprender a bailar, a cantar, a componer música, a cocinar… Pero es que todo lo hago fatal, así que me rindo antes de empezar. Como siempre dice mi jefe, “me suicido por miedo a morir”.

lunes, 14 de junio de 2010

Leyendo otras vidas para escapar de la mía

Ayer terminó la Feria del Libro; para mí, uno de los acontecimientos del año. Nada puede compararse a pasar el rato en una biblioteca o una tienda de libros, buscando alguno en particular o dejándome sorprender por los que encuentro por casualidad. Mi forma de ser me da asco y mi vida me aburre, así que prácticamente nada me hace más feliz que leer. Una vieja historia, ¿verdad?
La realidad tiene elementos interesantes, lo reconozco, que no pueden sustituirse por la ficción. Los podemos dividir en dos categorías: por un lado, la satisfacción de las necesidades primarias y, por otro lado, la interacción con las personas que quieres o aprecias. Vamos, que hay ciertas cosas que es preferible experimentar en primera persona en lugar de recurrir a la experiencia vicaria. Como dijo Woody Allen: “Odio la realidad, pero es el único sitio donde se puede comer un buen filete”.
Así y todo, la tónica es que, en su mayor parte, la vida real es un coñazo. En cambio, una vez que has vivido en la realidad un mínimo de sentimientos y situaciones básicos (no digo que sea mejor ni peor, pero opino que no es lo mismo leer una historia de amor si has estado enamorado que si no lo has estado, por ejemplo), leyendo puedes acceder a todas las vidas, situaciones, experiencias, sentimientos, lugares y tiempos que te están vetados en la realidad. Se trata de escapar al tedio, a la rutina, a la mediocridad de mi vida. Al fin y al cabo, ¿no son todas las formas de ocio una vía de escape? Además de leer, también puedo viajar, salir de marcha, ir al cine, jugar a videojuegos, ver la tele...; pero, ¿cambiaría algo o seguiría huyendo de mí misma?

viernes, 11 de junio de 2010

La ortografía y la psicología inversa

Me parece interesante seguir la evolución de las normas ortográficas y me divierte investigar en los foros cómo se escribe mejor un término cuando el diccionario de la RAE se queda corto o atrasado respecto a cómo evoluciona el lenguaje. Se puede decir que se me da bien escribir sin faltas, pero no tiene especial mérito porque no me supone ningún esfuerzo, simplemente me encanta leer y gracias a ello suelo recordar cómo se escriben bien las palabras. De ahí la importancia que tiene que los encargados de escribir cualquier tipo de texto que llega al público se esmeren en hacerlo correctamente.
No voy a entrar en el debate de si la escritura de SMS o en chats va a terminar con las reglas ortográficas. Es simplemente que me resulta curioso cómo la sociedad hace evolucionar el lenguaje, ya que me estoy dando cuenta de que muchas veces lo hace siguiendo los mecanismos de la psicología inversa. Un ejemplo: si deber de implica posibilidad y deber tiene un sentido de obligación, ¿por qué todo el mundo lo utiliza al revés? ¿Por qué nos hartamos de decir: “Si quieres que Pepito se salve y continúe en la Academia, debes de llamar al 902 000 000” y cuando no sabemos algo decimos: “Debe ser…”? ¿Nos gusta llevar la contraria? ¿Por qué la RAE no le da la vuelta y ya está?
Otro ejemplo: no sé muy bien por qué, la RAE cambió la norma de acentuación de solo y sólo y ahora no es obligatorio ponerle acento a sólo más que cuando haya riesgo de confusión. Entonces, ¿por qué ahora veo campañas de Nike en las que pone: “Un sólo gol hace historia” (o algo parecido, no me acuerdo exactamente)? Sólo va acentuado cuando equivale a solamente y no cuando es sinónimo de único. Hombre, ahora que no es obligatorio, le ponen tilde hasta cuando no hace falta… Como digo, ¿no será por fastidiar?

martes, 8 de junio de 2010

¿Hogar, dulce hogar?

Un elemento que dificulta e incluso imposibilita la felicidad es que, por alguna estúpida razón, el ser humano cuando no tiene algo que quiere sufre porque no lo tiene y cuando lo consigue sufre porque ya no tiene nada que desear. Después de un año buscando casa para independizarme, me ha hecho mucha ilusión encontrarla, pero a la hora de la verdad, cuando me he trasladado, la ilusión se ha desinflado como un globo pinchado. Las razones, como no podía ser de otra forma, son absurdas y egoístas. Primera: en casa de mis padres mi mamá lo hacía todo. Lo reconozco, me voy de casa por vergüenza, pero por mí me quedaría hasta que me echaran. Vamos a ver, si te vas de casa para poder hacer lo que te dé la gana, pero luego no puedes hacer lo que quieres ni de coña, porque anda que no hay mierdas que hacer, ¿qué sentido tiene? Aquí es donde entra el factor pareja.
Segunda: lo reconozco, me voy de casa para poder follar con mi novio cuando nos apetezca, no cuando podamos como hasta ahora. Verse poco es uno de los mayores peligros para una relación, pero la convivencia también. ¿Cómo no caer en la rutina, cómo no discutir si las tareas del hogar son un puto coñazo? ¿Cómo seguir pareciendo sexy mientras friegas el suelo? En definitiva, me voy a vivir con él para que no se joda la relación, introduciendo una de las variables que más probablemente jodan la relación. Por follar más, al final igual follamos menos.
Y tercera: esta ya es porque soy una moñas. Cuando en casa de tus padres estás fatal, entiendo que estarás deseando largarte, pero yo me llevo muy bien con mi hermana y ya no va a ser lo mismo. Sé que podemos hablar y visitarnos, pero no es igual verse un rato que vivir en el mismo sitio.
Tras una larga experiencia psicoanalizándome, puedo ver que todo se reduce a lo de siempre: soy vaga y cobarde. Me rindo antes de empezar, no voy a saber hacer nada, mi novio va a pasar de mí, mi hermana no me va a echar de menos… ¿Conseguiré cambiar algún día? En fin, menos mal que esto no lo va a leer ni Dios.