lunes, 26 de septiembre de 2011

Did you do to your other man...?

Otro tema que viene a cuento de la boda que comentaba en el post anterior son los celos retrospectivos. La ex de mi novio es de su grupo de amigos, así que allí estaba. Y allí estaba yo, sufriendo: “Mírala, es más guapa que yo, más simpática, su vestido es más bonito y le queda mejor…”. Poco a poco me iba viniendo arriba: “Todo el mundo nos está viendo y piensa que mi novio ha salido perdiendo, que qué habrá visto en mí…”. Afortunadamente la veo poco, porque, de verdad, es una reacción que no puedo controlar. Y pensar que me caía bien… hasta el instante en que mi novio me dijo que era ella con quien salió. En ese momento ya la empecé a mirar con otros ojos. Ahora se los sacaría.
¿Qué retorcido mecanismo mental nos lleva a esta situación? ¿Para qué tenemos un cerebro racional si a la hora de la verdad no nos sirve para nada? Soy consciente de que esta chica en realidad me ha hecho un favor porque le dejó ella y así he tenido la suerte de poder quedármele para mí, pero no puedo evitar ponerme mala al verla. Es algo tan absurdo que si la veo sonreír pienso: “Mírala, se está riendo de mí, se está acordando de cuando se follaba a mi novio, grrrmmmfff”. Es patético, y es otra confirmación de mi teoría de que muchos sentimientos son un atraso evolutivo: generan sufrimiento y ni siquiera sirven para contribuir a la procreación. Porque, vamos a ver, los celos normales tienen sentido y justificación: no dejar acercarse a tus rivales a tu macho/hembra, que te lo quitan. Pero ¿celos del pasado, que ya no puedes hacer una mierda para cambiarlo? Porque este tipo de celos no es tanto que te dé miedo que aún siga sintiendo algo por ella sino por el simple hecho de que te jode que alguna vez haya sentido algo por alguien que no seas tú. Hay una frase de Prince que lo resume todo muy bien (de su canción I hate u): “Did you do to your other man the same things that you did to me?”. Si empiezas a pensar que ha hecho con ella lo mismo que contigo, o más, creo que no hay persona en este mundo a quien no le hierva la sangre. Pero la estupidez del género humano no tiene límites y no se queda ahí. Encima es que quieres saber más. Si hay un tipo de curiosidad malsana por antonomasia, es esta. Y te recreas, te regodeas, pidiendo detalles, hurgando en la herida. Por desgracia o por fortuna, no existe una escala de Mohs de cómo de dura se la ponía ella y cómo se la pones tú, porque si no lo preguntabas también. Porque ahí está el quid de la cuestión: ¡quieres ser mejor que ella! Quieres que te quiera a ti más, que haga contigo cosas que no ha hecho con ella: “Nos hemos ido de vacaciones juntos y con ella no se fue… ¡toma eso!” Y te alegras… con perversa alegría. Así que el problema de fondo de este tipo de celos es, triste y poco originalmente, la baja autoestima.
En efecto, si fuera fea, estúpida y fracasada, seguro que me caía genial.

To be or not to be... married

Se abre la temporada de bodas en el grupo de amigos de mi novio. Ya se ha casado la primera pareja y ahora van todos en cascada. Así que tendremos que aguantar unas cuantas veces que nos pregunten cuándo nos toca a nosotros y que nos miren raro cuando contestamos que ni idea, que no lo tenemos previsto. Me da igual casarme, ¿es tan raro que no tenga ese objetivo vital? Seamos realistas, preparar una boda es un coñazo. Y cuesta un ojo de la cara. Como ya he comentado varias veces, si hay un adjetivo que me describa acertadamente es “vaga”, luego la idea de organizar algo en lo que hay que controlar tantos pequeños detalles para que todo salga bien no me seduce. Además, odio gastar dinero en chorradas. ¿Y hay dinero más tirado que el que se gasta en una boda? Pagar a la Iglesia, en la que no creo, pagar comida que te costaría la décima parte en circunstancias normales, etc. Por añadidura, no me gusta ser protagonista de nada y en una boda la protagonista es la novia. Así que el concepto general de boda está bastante lejos de mi forma de ser. Con todo, obviamente las bodas me gustan. Estar con tus seres queridos, celebrando tu amor con tu pareja es bonito. También está lo del viaje, que a nadie le amarga un dulce, y me encantan los vestidos de novia, eso sí me dará pena. Pero vamos, que no me voy a casar por el viaje, el vestido o porque todo el mundo lo haga.
Visto todo lo anterior, se puede decir que no he abordado el meollo de la cuestión, que es el compromiso, y es cierto. Tengo miedo al compromiso. Pero lo tengo ya, desde el momento en que decidimos compartir nuestra vida, porque el compromiso no es más que decir que vas a estar ahí cuando toque pringar. Y tengo asumido que tarde o temprano todos tenemos que pringar, porque están los hijos, si hay que cuidar a alguien de la familia... Y me asusta, porque soy egoísta y vaga y preferiría poder seguir con mi cómoda y egoísta vida a tener que dedicarme a los demás. Pero me tendré que joder porque si quieres a alguien no vale con estar ahí solo para lo bueno. Así que lo reconozco, me acojona el compromiso, pero lo que quiero decir es que no creo que porque firme un papel o no sea una persona distinta a la hora de la verdad. No hace falta casarse para asumir este compromiso y, al contrario, puedes estar casado y no ayudar a tu pareja en una mierda, véase el modelo de matrimonio tradicional, en el que la única que pringaba era la mujer.